RENUÉVANOS, SEÑOR

Cambió de fecha muchas veces, pero por fin llegó. La ordenación sacerdotal de nuestros hermanos Joaquín, Sebastián y Sergio, tan anhelada en medio del contexto de la pandemia (que poco a poco nos ha ido enseñando a soltar los planes que tenemos para abrazarnos a la iniciativa de Dios), fue una fiesta llena de motivos para volvernos a alegrar, para volver a creer en la fuerza del llamado que Jesús nos ha hecho a cada uno de nosotros.

El primero, y quizá el más simple, fue la emoción misma de los tres nuevos sacerdotes, que se hizo visible desde la procesión de entrada hasta los agradecimientos finales. Bajo el lema “Ustedes son mis amigos”, que iba acompañado en la invitación a la ordenación por un dibujo de Jesús riéndose con dos de sus discípulos, Joaquín, Sebastián y Sergio entraron a la Misa sonriendo. Sonriendo escucharon las palabras de Jesús en el evangelio, invitándolos a permanecer en Él, a ser sus amigos, a dar mucho fruto. Sonriendo se postraron para implorar la ayuda del Espíritu Santo, la oración de los santos y la de todos nosotros, sus amigos y familiares. Sonriendo se levantaron, recibieron la imposición de las manos y se revistieron con sus estolas personales. Sonriendo, todos los presentes les aplaudimos en ese momento, al ver la alegría en sus rostros mientras resonaba, en la música de fondo, la invitación de Jesús a dejar todo una vez más para seguirlo.

En segundo lugar, para nosotros en el Colegio Mayor, creo que la fiesta de la ordenación fue un signo de (y un llamado a) ese anhelo de volver a abrir las puertas después de un año y medio de pandemia. Naturalmente, toda la prudencia y las precauciones siguen siendo necesarias; pero el hecho de haber preparado la casa para recibir a todos los invitados a la ordenación significó para muchos el reencuentro con muchas personas queridas y, para otros, el primer encuentro con la realidad de la Comunidad y de la Familia de Schoenstatt en Chile. Por eso, desde el Colegio Mayor, la ordenación representó, además de la alegría de ver sacerdotes a amigos con los que hemos compartido la formación, una invitación a seguir soñando con nuestra propia vocación, que crece en esta tierra, entre estas personas. Lo mismo significó la posibilidad de acompañar alguna de las primeras Misas de Joaquín, Sebastián y Sergio o, para algunos de nosotros, participar de las tres.

Por último, la ordenación fue un signo de esperanza para Schoenstatt en Chile, y para la Provincia Pentecostés especialmente. En este sentido, fue muy especial el hecho de que la ordenación haya sido sólo un par de días antes de la Fiesta de Sión, pues significó que la celebración de nuestra Fiesta como Provincia (a la cual también nos sumamos con todo el Colegio Mayor) participó de la misma alegría, y que algunos de los padres que llegaron a Santiago para la ordenación pudieran quedarse a la Fiesta. Joaquín, Sebastián y Sergio co-presidieron la celebración de la Misa, y al final todos pudimos recibir la bendición de los nuevos sacerdotes. Quizá, como lo cantamos durante esa Misa, estos días fueron sobre todo una invitación a decir (personalmente y como Comunidad) “Renuévanos, Señor”: renuévanos en nuestra vocación, en nuestro sacerdocio; renueva nuestra amistad contigo y nuestra mutua fraternidad; renueva nuestro amor por María y por cada persona que nos has confiado en el camino; renueva nuestro anhelo de ir contigo a entregar vida nueva.

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