Vida contemplativa en la Comunidad de los Padres de Schönstatt
Por ser la Comunidad de los Padres de Schönstatt un Instituto Secular de vida apostólica activa necesita un polo de vida contemplativa que la complemente. Fue el mismo fundador, el P. José Kentenich, quien se dio cuenta de esta realidad en la historia de la Iglesia. Estando él en el campo de concentración de Dachau entra en contacto con monjes del Monte Athos y percibe la enorme riqueza y bien que le hace a la Iglesia la vida contemplativa. Para nuestro fundador todo aquello que a lo largo de los siglos se ha mostrdo fecundo en la Iglesia, ha de tener un lugar en la Familia de Schönstatt. De ahí que le pide a las Hermanas de María, como a los Padres de Schönstatt, dar a sus miembros la posibilidad de vivir en comunidades contemplativas o incluso como ermitaños; ya sea por un periodo de tiempo o de por vida.
Quien lleva una vida contemplativa ha hecho una opción radical por Dios. Se trata de una respuesta a un llamado personal del Señor a llevar una forma de vida tal, que todo en ella posibilite “andar en la presencia de Dios”. La vida litúrgica, el trabajo manual, el estudio y la vida comunitaria han de ser diferentes modos de “estar con Él.”
La vida contemplativa en los Padres de Schoenstatt tiene sus comienzos el año 1970 junto al recién bendecido Santuario sobre el Monte Sion, corazón de la Comunidad internacional. Los así llamados “Padres de la Adoración” tienen desde los inicios la convicción de que su misión es especialmente respaldar la actividad apostólica de los padres y de la Familia de Schoenstatt en todo el mundo. La expresión que quiere asegurar esta tarea es la adoración diaria en el Santuario de Sion. Podemos decir que los Padres de la Adoración, a través de su presencia y modo de vida, plasman ese lugar de gracias como un “Santuario orante.” Si bien su modo de vida se desarrolla en ese pequeño lugar, al mismo tiempo están abiertos, en conexión, en relación con la realidad de la Familia de Schoenstatt e Iglesia en los distintos países.
En sus inicios los Padres de la Adoración forman una pequeña comunidad junto al Santuario de Sion. Retiros, confesiones, acompañamiento espiritual, entre otras tareas de esas características, son parte de su apostolado. Con el tiempo se desarrolla además la vida eremítica. Durante 34 años uno de los Padres vive en su Ermita “Nazaret” en medio del bosque en las cercanías del Santuario. Con el anhelo de llevar una vida en soledad y silencio en medio de la naturaleza, busca vivir en intimidad con su Señor y presentarle siempre de nuevo las necesidades, sueños y dolores de los hombres.
Durante más de 50 años los Padres dae la Adoración buscan ser garantes de la vida del Santuario de Sion como de la vida de interioridad de cada uno de nuestros seminaristas y sacerdotes. En la actualidad hay dos ermitaños, uno de ellos vive en la Ermita Nazaret, y el otro, por motivos de salud, en un lugar retirado en la Casa Provincial en el Monte Sion.


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