El 7 de julio de 2026, los Padres de Schoenstatt celebraron con alegría el jubileo de plata de la ordenación sacerdotal del P. Alexandre Awi Mello, superior general de la Comunidad, en el Monte Sion.
La celebración reunió a Padres de Schoenstatt de varios países, junto con miembros de la Familia de Schoenstatt, amigos y simpatizantes. El encuentro reflejó de manera hermosa el carácter internacional de la Comunidad, resaltado por la presencia de Padres de América Latina que actualmente están desarrollando su segundo terciado, así como de Padres y estudiantes de Burundi, la R. D. del Congo e India que participan en el Tiempo de Sion en la Casa Paterna.
El momento central del día fue la celebración de la Santa Misa. El P. Ignacio Camacho pronunció una profunda homilía, reflexionando sobre el camino sacerdotal del P. Alexandre según las palabras de Cristo a la mujer samaritana: «El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna»(Juan 4, 14).
Tras la liturgia, la congregación se dirigió en procesión al Santuario de Sion, encomendando el ministerio actual del P. Alexandre a las manos de la Madre Tres Veces Admirable.
Al concluir la celebración, el P. Alexandre expresó su más sincero agradecimiento a Dios por las innumerables bendiciones recibidas a lo largo de sus 25 años de sacerdocio. También les dio las gracias a sus hermanos sacerdotes, a la Familia de Schoenstatt, a sus amigos y a todos los que lo han acompañado en su camino vocacional a través de la oración, la amistad y la colaboración.
Seguimos rezando para que la Madre Tres Veces Admirable acompañe, bendiga y proteja al P. Alexandre en su misión vital por muchos años más.
Homilía del P. Ignacio Camacho
Querido Alexandre:
Hace algunas semanas, conversando con el P. Arkadiusz, que ha estado a cargo de organizar esta fiesta, me dio la posibilidad de hacerme cargo de preparar un asado para la comida de hoy o de predicar en esta celebración. Tuve la tentación de quedarme con la primera opción; creo que me habría resultado más fácil. Pero, al final, me animé a preparar algunas palabras.
Sé que este tipo de celebraciones no te resultan cómodas. Por eso, sin extenderme demasiado, la invitación más importante que quiero hacerte es a agradecer por estos 25 años: mirar hacia atrás y descubrir el paso de Dios en todo este tiempo.
En la introducción de tu ordenación sacerdotal escribías: “Al mirar esta historia, mis palabras son de profunda gratitud por la infinita bondad y fidelidad de Dios, que me llamó a seguirlo en el sacerdocio, a fin de estar más dedicado al servicio de su pueblo”.
Cuando expresabas estos anhelos, seguramente no podías imaginar cómo se iría desarrollando tu vida. Si recorremos rápidamente este cuarto de siglo, podemos ver que ese llamado a seguir a Dios se ha concretado en distintos lugares y, sobre todo, en rostros y nombres concretos con los que has ido entablando vínculos de amistad, paternidad y fraternidad. ¡Cuántos han podido experimentar tu sacerdocio cercano y sencillo! Primero en tu servicio como asesor de la Juventud Masculina y como director del Movimiento en Brasil; luego en tu servicio a la Iglesia y al Papa, en el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida; y ahora, en estos últimos años, en tu entrega como superior de nuestra comunidad, sabiendo que también es un servicio a todas las comunidades y grupos de la Familia de Schoenstatt.
Acabamos de escuchar el Evangelio que fue leído en tu ordenación. Es un Evangelio que habla de tu historia personal de encuentro con el Señor, de tu curso en la comunidad (Fons Vitae), y que, con el paso del tiempo, seguramente ha ido adquiriendo nuevos y más profundos significados.
El Evangelio de Juan nos muestra a Jesús en un encuentro personal, en este caso con una samaritana. Jesús está cansado y pide agua, pero, en definitiva, en el encuentro con Él nos hace descubrir nuestra verdadera sed y, sobre todo, nos regala la fuente de agua para calmarla: Él mismo.
Jesús hace una afirmación dirigida a esa mujer, pero que trasciende la historia y también toca tu vida, tu relación con Cristo y tu vocación y misión de reflejarlo: “Pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás; el agua que yo le daré se convertirá en él en un manantial que brota para vida eterna”.
Pensando en la sed de la que habla el Evangelio —que, como decía una canción conocida por ti, es una sed de amar—, podemos decir que ese amor, en tu historia vocacional, cobró un sentido muy profundo en tu Alianza de Amor con María. Como contabas hace algunos días en la mesa, estar sin ella te hizo experimentar fuertemente un sentimiento de desarraigo. Desde ese momento la Mater nunca más te soltó, ni tú a Ella.
En el Evangelio, Jesús le dice a la samaritana que el agua se convertirá en un manantial que conduce a la vida eterna. No es una sed que se apaga para luego volver a aparecer. No es solo tu sed, sino que ese manantial está llamado a saciar la sed de muchos. Y es muy bonito ver que ese amor a María no se tradujo únicamente en una relación personal con ella, sino que te llevó a abrazar su misión, especialmente en el servicio a los jóvenes y al Movimiento de Schoenstatt. ¡Eres realmente un apasionado de Schoenstatt y quieres llevarlo a todas partes! Basta verte cómo saltas junto a los jóvenes en cada canción que cantan.
Antes de terminar, quiero detenerme en otra imagen vinculada al agua, que por un lado tiene un sentido teológico profundo y, por otro, habla de tu personalidad.
En el libro del Éxodo, en medio del desierto, Dios, por medio de Moisés, hace brotar agua de la roca. Esta imagen encuentra su plenitud en Cristo: Él es la roca de la que brota el agua. O, como decía la primera lectura que también estuvo presente en tu ordenación, Él es el templo, el Santuario desde donde brota el agua que todo lo riega, lo sana y le da plenitud de vida.
Volviendo a la imagen de la roca, creo que describe muy bien tu manera de ser, de enfrentar los desafíos y los proyectos. Sin Dios, sacar agua de la roca es imposible; es algo ante lo cual muchos simplemente se rinden. Me impresiona profundamente tu fe y tu tenacidad para seguir siempre adelante, para no soltar aquello de lo que estás convencido.
Pido que siempre puedas seguir siendo así; es un gran regalo para todos nosotros.
Y una última reflexión respecto a la roca: muchas veces uno mismo es esa roca “dura” de la que Dios también hace brotar agua, cuando nos dejamos tocar y ablandar por Él.
El poder trabajar contigo estos últimos cuatro años me ha permitido ser testigo de cómo Dios ha ido moldeando también tu corazón. La roca dura sigue estando ahí, como en cada uno de nosotros, pero Dios va haciendo su obra: regalando paciencia, comprensión, capacidad de escuchar, de “perder el tiempo” simplemente estando y compartiendo con los demás; abriéndonos a nuevas culturas y generaciones, y a nuevos modos de vivir la fe y nuestro carisma de Schoenstatt. Pido para ti la gracia de que Cristo siga moldeando tu corazón para vivir cada vez más a su modo.
Son 25 años muy fecundos. Si hiciéramos un currículum —cosa que no voy a hacer, no te preocupes—, la fecundidad aparecería con nota sobresaliente. Pero la fecundidad de tu sacerdocio ha estado, está y seguirá creciendo en la medida en que te dejes alcanzar por Jesús, le sigas pidiendo que te dé de beber de su agua, y dejes que esa agua actúe como un manantial que llega a todos en tu entrega apasionada, sencilla y personal, como un Padre de Schoenstatt, reflejo de nuestro fundador y con un profundo amor a la Familia y a la Iglesia.
Que nuestra Madre y Reina te conceda permanecer siempre enamorado de Ella y de su misión.

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