Defensa tesis doctoral del P. Enrique Grez

Defensa tesis doctorado P.Enrique Grez: en un Santuario….suceden cosas

El jueves 13 de Mayo, día de la Virgen de Fátima, nuestro hermano el P. Enrique José Grez López defendió su tesis doctoral en la Universidad Gregoriana de Roma. Habían pasado 4 años desde que comenzó el estudio y su propia experiencia de inculturización en las peregrinaciones católicas de Tamil Nadu, como se tituló su estudio. Quienes tenemos el regalo de conocer al P. Enrique sabemos de su corazón generoso y respetuoso del otro. Muy lejos de él pensar el mundo de la India como un “lugar” a intervenir con nuestras categorías occidentales o latinas, más bien todo se dirigía a valorar el mundo cristiano de esa región en personas concretas que expresan su fe viva y su amor a Dios en las peregrinaciones. Todo cuanto ha sido recogido a lo largo de estos años es claro que nos invita a mirar nuestro carisma y experiencia religiosa con nuevas perspectivas, las que nos da el encuentro cercano, fraterno y gratuito de este hermano que se dejó tocar especialmente por la vida de mendigos, que en definitiva han hecho de los Santuarios su hogar, viviendo a su alero.

Hasta el aula magna de la universidad nos acercamos hermanos de comunidad y amigos hechos en este tiempo, un número reducido de unas 20 personas debido a los protocolos Covid-19. Comenzando con una oración en Tamil y después por cerca de 45 minutos el P. Enrique expuso en un fluido italiano, y con la misma efusividad y gestualidad de esta lengua, el desarrollo de su estudio, con su siempre genial y agudo sentido de ir ilustrando los diferentes puntos que fue tocando con objetos que había recogido a lo largo de su estudio de campo. No faltaron las guirnaldas de santos, telas ceremoniales e imágenes de culto que fue mostrando con pícaro entusiasmo.

Vino el turno de las preguntas de los profesores de la comisión, que finalmente terminaron siendo una verdadera “coronatio” a la sapienza y coherencia de nuestro hermano, quedando en evidencia la incomodidad del académico que tenía que oficiar de “abogado del diablo” después de tal exposición. Llegado el momento de la deliberación, los profesores se retiraron y pudimos acercarnos algunos al P. Enrique quien con la misma tranquilidad que mostró todo el tiempo espero el veredicto, siendo aprobado “summa cum laude” y quedando pendiente el otorgamiento del título hasta la publicación del estudio.

En una atmósfera muy fraterna y alegre nos fuimos acercando unos a otros aún cuando proveníamos de “mundos” tan distintos, personas de la academia, de la pastoral, religiosas y la fiel Rosetta, que acompaña a tantos hermanos que llegan a aprender el italiano y que se ha transformado en visita obligada a quien llega. Todos con un cariño muy grande y satisfacción por la etapa completada de esta verdadera peregrinación del P.Enrique, porque como uno ya sabe un poquito más al respecto puedo decir que la peregrinación no acaba hasta que uno regresa. Y lo lindo de la primera parte del regreso fue una prolongada celebración. Pasamos a la cafetería de la universidad donde pudimos compartir y brindar por nuestro hermano , y como toda buena celebración todo lo interrumpió el cierre del “local”. También el P.Enrique tenía que regresar al Colegio Portugués, casa donde estuvo viviendo estos años, y donde lo esperaban para celebrar. El P.Diogo Barata como delegado del territorio donde ha pertenecido este tiempo, el P.Joselo Zabala como representante de las comunidades libres, el P.Facundo Bernabei y yo como hermanos de curso, pudimos participar esa noche y ser testigos del cariño que el P.Enrique se ganó entre el clero diocesano portugués que se encuentra estudiando en Roma, las hermanas que cuidan la casa y sobre todo del rector don Alfredo que después de compartir la mesa nos invitó a cerrar el día de Fátima rezando el rosario en la capilla y terminamos abriendo una botella de oporto para agradecer por este gran hermano nuestro.

Una de las experiencias que el P. Enrique compartía de su estudio fue cómo las peregrinaciones regalan un profundo sentido fraterno, donde “desaparece” cualquier diferenciaproducto de categorías materialistas, étnicas, prejuicios, etc. Simplemente el Santuario regala el espacio de la vivencia religiosa, donde todos nos acercamos porque tenemos una necesidad. A 50 años de la bendición de nuestro Santuario Sion, vemos el profundo desafío de la interculturalidad al interior nuestro como prácticamente todas las comunidades hoy en la Iglesia, pero que en nuestro caso, nuestra “historia sagrada” nos confía precisamente un Santuario, donde las diferencias se desdibujan ante la común experiencia de la necesidad del Dios vivo que nos regala la Mater y que sabemos no está completa hasta volver de cada peregrinación que hacemos a las personas y comunidades que servimos: “unidos a nuestros hermanos a lo largo y ancho del mundo peregrinamos espiritualmente al Monte Sion”. Gracias P. Enrique por invitarnos a ser hombres de Santuario, por tu vocación generosa y lúcida a tantos, gracias por tu amor a nuestra comunidad y por caminar juntos.

P. Jaime Gayangos

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