3 Ser familia - En casa de los abuelos

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El pequeño José vio la luz un lunes, 16 de noviembre de 1885. En la casa de sus abuelos, en la habitación de su madre, en el primer piso, nació a las 7 de la mañana.

Ya que el fin de semana anterior se celebró en Gymnich la fiesta de la Kermess, que según el estilo de la zona del Rhin se celebraba en grande, las oficinas del registro civil estaban cerradas en este lunes. Por eso, la inscripción del recién nacido se hizo el 18 de noviembre. El estricto deber de inscripción del gobierno prusiano hizo que con frecuencia se tomara este como día del nacimiento. Esto explica la razón de que aparezca la segunda fecha en los documentos oficiales. Catalina felicitaba, naturalmente, a su hijo siempre el 16 de noviembre como día de su cumpleaños. También el Movimiento de Schoenstatt celebra el 16 de noviembre como el verdadero día de su nacimiento.

A pesar de las difíciles circunstancias, la joven madre Catalina estaba orgullosa de su hijo. A la edad de dos años y medio lo hizo fotografiar.

Una familia

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Aunque José tuvo que crecer sin su padre carnal, experimentó, sin embargo, una familia en la que convivían varias generaciones. Su abuelo, Mathias Kentenich, descrito como persona respetableo, que mantuvo una pequeña empresa de transporte hasta su muerte, hasta el tercer cumpleaños de su nieto. La abuela, Anna Maria Kentenich, que cuidó de la familia hasta avanzada edad. También los tíos y tías estaban en contacto con los Kentenich en la Plaza de San Kuniberto, en Gymnich. En la casa vivían muchos niños, pues los abuelos tomaron bajo su protección a otros tres niños de la parentela. La hospitalidad de la casa de los Kentenich se manifestó también cuando más tarde, durante un tiempo, acogieron en su casa a una familia, que tenían graves necesidades, con sus cuatro hijos.

Historias infantiles

No faltan historias emocionantes de los primeros años de vida del pequeño José. Se cuenta que él yacía en un canastito que fue cogido por los cuernos de una vaca. Sabemos que este hecho terminó bien pues el pequeño aterrizó en el prado sin daños. En otra oportunidad el niño de tres años cayó en un pozo de la casa vecina. El abuelo salvó a su nieto del agua.

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Como otros niños José hacía sus pequeñas travesuras. Con el hijo del sacristán subió en secreto al campanario. Cuando el Párroco cerró la puerta para sorprender a los intrusos, estos treparon sobre el desván de la nave de la Iglesia hasta el coro y se libraron deslizándose por las columnas del altar. Otras historias hablan de un niño que se ponía gustoso bajo las goteras de las canaletas hasta que el agua le corría por la pernera del pantalón o cuentan de amigos que lanzaban la gorra más allá del arro del estero para obligadarle a saltar sobre él.

A pesar de la estricta educación, en la casa de los abuelos era posible alborotar en las tardes con los colchones de paja y jugar a las escondidas en toda la casa. Sobre todo, era claramente posible que los niños pudieran decir abiertamente lo que pensaban.

Ser familia y experimentar el hogar

Las experiencias en la familia fueron para el P. Kentenich su personal telón de fondo de vivencias, cuando más tarde, construiría el Movimiento de Schoenstatt. Las diversas comunidades de mujeres, hombres, matrimonios, jóvenes y sacerdotes debían comprenderse como familias. En las comunidades debía reinar la cordialidad, como en una buena familia. El padre Kentenich habló, una y otra vez, de estar “con el otro, para el otro y en el otro”. Además comprendía la familia como la forma primaria del cobijamiento. Allí donde los hombres experimentan cuidado y amor, donde sus anhelos fundamentales de protección, identidad y unión se satisfacían: donde se vivan valores compartidos, ahí hay hogar.

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Ser familia y experimentar hogar (Heimat) es algo muy emocional. Esta emocionalidad surge cuando se comparte la vida, cuando las personas experimentan alegrías, celebran fiestas, cuidan costumbres y ritos pero también soportan juntos experiencias dolorosas.

Iglesia como familia de Dios

Junto a otras imágenes de la Iglesia como por ejemplo “pueblo peregrino de Dios” o “la roca de Pedro”, el P. Kentenich usaba la imagen de la familia para la Iglesia. Debía así surgir y desarrollarse una Iglesia fraternal. El Papa, los obispos y los párrocos no solo han de hacer realidad la conducción, sino llegar a ser auténticos padres. No debe haber en la Iglesia un “arriba y un abajo” que pueda corromperla rápidamente, sino que debe darse este “en el otro, con el otro y para el otro” como en una familia.

De esta manera, y a pesar de todas las contrariedades en su familia de origen, por el amor de su madre y de sus abuelos, experimentó la familia y pudo desarrollar una sensibilidad para las necesidades de los hombres y el cobijamiento según se dan en una familia.

 

 

 

"Hogar (Heimat) es aquella parte de nuestro espacio vital físico- anímico - espiritual, en el cual recibimos y ofrecemos cobijamiento, pero que a la vez es para nosotros símbolo para elcobijamiento en Dios."

Padre Kentenich, citando a Linus Bopp, 1951

 

 

Oración

Santísima Trinidad, tú, origen de toda comunidad y creador de la Familia,

Todos: Tú has puesto en el corazón de todos los hombres un profundo anhelo por la familia, el cobijamiento y el hogar. Cuando las personas conviven en unidad y en paz son, entonces, en forma especial imágenes de Dios.
Te pedimos por todas las familias: haz que se apoyen en el amor, la fidelidad y la alegría y cuiden unos por otros.
Te pedimos por todos los hombres, especialmente por todos los niños que deben vivir sin familias felices: hazlos encontrar personas que les den amor y cobijamiento. Y te pedimos por la Iglesia y sus diversas comunidades: haz que crezcan como una gran familia de Dios. Amén.