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2 Sólo, sin padre

El difícil camino antes del nacimiento

Los niños ilegítimos y sus madres eran ampliamente privados de sus derechos. A menudo estas jóvenes eran empleadas o sirvientas, como lo fue Catalina Kentenich. Además, eran los hijos o los empleados de mayor categoría, los que buscaban una relación con ellas. Cuando las mujeres quedaban embarazadas, la “vergüenza” para la familia se solucionaba haciendo que la joven mujer tuviera que dejar la casa y la región. Mayoritariamente vivían en difíciles condiciones materiales, eran socialmente despreciadas y discriminadas.

En el juicio de la Iglesia

Tampoco el juicio de la Iglesia era menos duro. “Muchachas caídas”, no se habían conducido según las reglas de la decencia y de la moral. Con demasiada frecuencia se les atribuía a ellas la culpa de su embarazosa situación, pues ellas habrían seducido a los varones.

Los niños nacidos de tales relaciones eran considerados “ilegítimos”. Ese concepto – que hoy se usa para los emigrantes extranjeros que entran “ilegalmente” al país – sugiere como los niños eran considerados y tratados. No podrían estar allí, no deberían vivir. De esta manera será que en el Libro de Bautismos de la Parroquia San Kuniberto de Gymnich aparece junto al nombre de José: “illeg. Catalina Kentenich”. También como adultos, los nacidos fuera del matrimonio tenían menos derechos en la iglesia. Por ejemplo, no podían ser aceptados en un Seminario normal para el sacerdocio. 

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Sin padre

La “infamia” y la deshonra solo podía ser eliminada por un matrimonio. Pero esto lo rechazó el padre carnal, Matthias Josef Koep. En tiempos posteriores trató el P. Kentenich de influir sobre él para que se casara con su madre. Sin embargo, la negativa fue definitiva. Esto parece difícil de comprender, porque Josef Koep permaneció soltero hasta su muerte. Acerca de los motivos de su negativa no hay conocimientos.

Cuando en las biografías se informa que era un respetable ciudadano, que incluso fue elegido en el Consejo Comunal (Gemeinderat), queda sin embargo la pregunta, cómo podía dejar a una joven mujer ante este destino y a su hijo dejarlo de por vida con el “defectus natalium” (defecto de nacimiento), como se decía antiguamente en el lenguaje eclesial.

Con esta hipoteca vitalicia familiar, social y eclesial tuvo que vivir la joven Catalina a sus 23 años.

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Oculta

De esta manera quedó claro que Catalina debía abandonar la granja de Heuserhof y, con eso, su lugar de trabajo en el cual ganaba su sustento. La “caída moral” que la convirtió en un “caso de graves consecuencias” no le permitió tampoco volver a la casa paterna. Encontró acogida con su hermana Sibilla Peters, que con su esposo gestionaba en Nörvenich un restaurante.

El padre de Catalina, que quería mucho a su hija, primeramente optó por las costumbres sociales de la época, pero por la insistencia de la madre la acogió en su casa poco antes del nacimiento de José. Allí recibió una habitación en el primer piso, donde estaba el granero.

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Noche de decisión

De este tiempo anterior al nacimiento se cuenta de una noche en la cual Catalina cayó en una gran desesperación por su situación, incluso pensando en quitarse la vida. Obviamente, sintió una profunda angustia psicológica a causa de sus graves problemas, que pensó que no los podría superar.

Con la ayuda de su madre, que percibió su estado, pudo sobreponerse de este estado. De esta experiencia salió con el firme propósito de aceptar su situación y de aceptar el camino trazado. En esta noche Catalina le entregó expresamente su hijo a la protección de María.

Un estigma permanente

Actualmente sabemos que para el P. Kentenich el haber experimentado su origen ilegítimo y la falta de un padre carnal fue un gran sufrimiento hasta el fin de su vida. El mismo lo formuló afirmando que esta pesada cruz la llevaba desde su infancia.

Durante su tiempo en el Gymnasium de Ehrenbreitstein, en 1902 teniendo 16 años, expresó este sentimiento en una poesía dramática. Los otros estudiantes relataban sus buenas experiencias en sus casas, lo que él echaba de menos.

 

Sin hogar
Abandonado y solitario
recorría yo el mundo
rechazado por el padre
sin tienda de acogida.
Alejado del amor materno
con férrea mano
ignorado en el frio
barullo de la multitud.
En torno mío veo paz.
Palabras entusiastas
alaban a los padres -
yo lloro y me alejo.
Mi corazón se alimenta de frio
amado por nadie.
Así espero por si alguien
me quiere dar amor.

 

La carencia se convierte en misión

Estos difíciles acontecimientos y experiencias en su infancia marcaron para siempre su vida. Sin embargo, no se doblegó ante este difícil destino, sino que descubrió allí su misión personal. Percibió que los hombres se encaminaban hacia una “sociedad sin padres”, lo que psoteriormente en el despertar cultural de los años 60 se hizo manifiesto. Su propia penuria y su falta de padre lo transformaron en padre de muchos.

De esta manera se convirtieron para él en dos temas permanentes: la paternidad de Dios que se transmite especialmente a través de padres humanos y la confianza filial ante Dios.

 

 

"Nada llega al espíritu y nada permanece en él que antes, en alguna forma haya sido captado por los sentidos...
De eso se puede desprender en qué medida los niños y los jóvenes son dependientes de imágenes terrenas paternas sensiblemente perceptibles y vivenciables.

Esto debería traer a la conciencia de todos los padres la seria responsabilidad que pesa sobre sus hombros. De ellos depende en gran parte cómo aparece la imagen paterna que condicionará toda la vida, incluso la eternidad de sus hijos.
Nosotros proyectamos o transferimos, inconsciente y subconscientemente nuestra imagen paterna terrena, espontáneamente a lo divino."

P. José Kentenich, 1964

 

 

Oración

En el Salmo 27. 10 rezamos:

"Si mi madre y mi padre me abandonan, Yahvé me acogerá" (Versión Biblia de Jerusalén, pág. 684)

Todos: Dios, de quien procede toda paternidad, te damos gracias por la misión del P. Kentenich de anunciarnos, a nosotros y a muchos hombres, el mensaje tuyo como Padre amoroso.
Te agradecemos que él, junto a muchas otras personas, pudo transmitir tu amor.
Te pedimos por todos los padres naturales y espirituales: hazlos seguir el ejemplo del P. Kentenich y, por su dedicación y amor, hagan felices a muchos y los conduzcan a ti.
Te pedimos también por todos que no han podido experimentar a un buen padre: haz que encuentren personas que reemplacen esta carencia, para que puedan más fácilmente creer en ti. Amén.