1 Trust11 Confianza - María

Capilla de San Antonio

(Descripción del itinerario: En el semáforo antes de Gymnich en dirección a Nörvenich, doblar a la derecha; en la Bundestrasse 477 (Carretera Nacional) doblar a la derecha; luego de 900 metros volver a doblar a la derecha en dirección a Fliegerhorst; de inmediato a la izquierda se ve la Capilla. Con el navegador: Nörvenich, Fliegerhorst, Oswald-Boelke-Allee.)

 

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En la base del altar mayor de la Capilla de San Antonio está la estatua de San Antonio el Ermitaño, tallada en madera, que data del año 1480. Antonio, el monje de los solitarios desiertos del antiguo Egipto, sostiene un libro en su mano izquierda, la Sagrada Escritura, y en su mano derecha el báculo con la Cruz de Antonio.

Lo que en el altar de Isenheim se describe con brillantes colores, se muestra aquí en el demonio a los pies del santo: si el hombre es confrontado consigo mismo y con su vida, se produce una terrible batalla. Los demonios interiores y exteriores tienen que ser vencidos: angustia, codicia, desobediencia a Dios, innumerables deseos, pasiones y muchas otras tentaciones que pueden apartar al hombre de su camino a Dios. Antonio es así la imagen del hombre y del cristiano que lucha por Dios.

 

La mujer joven y solitaria

La Capilla de San Antonio pertenecía a la pequeña comunidad de Alt-Oberbolheim. Es el único edificio que se conserva de ella, después de que el lugar tuvo que dejarle espacio a un aeródromo.

Catalina Kentenich, nacida en Gymnich el 18 de julio de 1862, había encontrado trabajo en 1880 en el cercano pueblo de Heuserhof como ayudante de la economía de la casa. Allí conció al administrador Mathias Josef Koep, bastante mayor que ella, de quien concibió un hijo.

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Era costumbre en ese tiempo, cuando se pasaba cerca de una iglesia, hacer una breve visita. Ciertamente la joven Catalina estuvo con frecuencia en esta capilla, que se encontraba en la inmediaciones de su lugar de trabajo. En las visitas que realizó podemos imaginarnos le presentó su situación de embarazo sin casarse y su dolor a Dios. Mathias Koep la doblaba en edad (nacido en 1841, fallecido en 1931) y no mostraba ninguna disponibilidad para casarse con Catalina, provocaba que su situación como madre soltera fuera desesperante. Aunque las madres solteras podían entrar a la iglesia y no tenían, como en los tiempos antiguos, que quedarse de pie afuera ante la puerta, sin embargo sufría la discriminación social y eclesial de la época.

La figura de San Antonio, con su conjunto de demonios a sus pies, expresaba de alguna manera su situación: una vida llena de dudas personales, desesperación y sentimiento de abandono.

La otra mujer

En el altar del lado izquierdo de la Capilla de San Antonio se encuentra, en un cuadro ovalado al óleo, otra figura religiosa: María con el Niño, enmarcada con ornamentos vegetales. La Cruz de S. Antonio sobre esta imagen establece la relación con el Patrono de la Capilla.

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Para la joven Catalina, este cuadro que reflejaba tan elocuentemente su situación como madre debió ser decisivo. A través de todas las luchas, que reflejaba el Eremita, este cuadro reflejaba la esperanza y la confianza de la nueva vida, que en el niño Jesús en brazos de su madre, se hacía manifiesta.

Los bancos de la capilla hasta el altar lateral son numerosos y permite que podamos meditar y rezar frente a este cuadro. Y mirando a la joven Catalina el cuadro impresiona: aquí se arrodilla la madre soltera ante el cuadro de esa mujer que a su manera tuvo que dar su “si” al embarazo. No sabemos qué palabras encontró Catalina en esta situación, pero sin duda habrán estado marcadas por una interna solidaridad de ambas mujeres y por el impotente grito de auxilio de Catalina.

 

Una profunda confianza

Esta confianza en la Madre de Jesús, que fue creciendo en Catalina, estaba caracterizada por la devoción mariana de su tiempo, pero podemos decir que creció en ella con mayor intensidad.

Ante la imposibilidad de cuidar posteriormente a su hijo Josef, lo llevó al orfanato de Oberhausen. Ahí consagró a María a su niño de nueve años con la petición de que Ella cuidara de su hijo. El P. Kentenich vio esta confianza de su madre hacia la Madre de Jesús como uno de los fundamentos de su vida y de su actuar.

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El mismo P. Kentenich explicó en 1955: “No fue ayer o antes de ayer que María tomó este lugar en mi vida. Desde tiempos inmemoriales Ella vive desde este punto de vista en mi vida anímica consciente. Es difícil de establecer desde qué momento yo me he concebido y valorado enteramente como obra e instrumento suyo. Este proceso se puede rastrear hasta los más tempranos tiempos de la infancia.”

En este tiempo habla sobre una oración a María que “en sus inicios alcanza los tempranos días de la infancia” y que había aprendido de su madre en Strassburg.

 

Ayuda, María, es tiempo
Ayuda, Madre de misericordia
Tú eres poderosa para salvarnos
de angustias y peligros.
Pues donde falla la ayuda humana
no falta la tuya.
No, tú no puedes rehusar
la ardiente súplica de tus hijos.

 

María - su huella de vida

Aquí se manifiesta un conocimiento fundamental que el mismo P. Kentenich formuló más tarde: los impulsos espirituales esenciales de su familia espiritual y del Movimiento de Schoenstatt están fundados en su historia personal, también en su infancia.

Un primer impulso de este tipo es la relación personal con María, la Alianza con la Madre de Jesús, con la madre de la Iglesia. Esta relación estaba llena de una profunda confianza y de un profundo amor, por eso la llamó: “Alianza de Amor.”

 

Si logramos que crezca en nosotros como regalo la devoción mariana, entonces pueden estar seguros que el buen Dios nos regalará a todos un profundo, fino y abierto subconciente religioso. Si en mi alma no hay y no se cultiva una fuerte apertura para lo religioso, también en la vida subconsciente, entonces tenemos que temer en el tiempo actual que las raices de la fe se queden en el intelecto y no lleguen a tocar el corazón ni la vida subconsciente del alma.

Padre José Kentenich, 1963

 

 

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Oración

En el Salmo 139 rezamos:

“Porque tú, has formado mis entrañas, me has tejido en el vientre de mi madre”. (Biblia de Jerusalén, p.796).

(Todos:) Dios, te damos gracias
porque tú, desde el inicio de su vida, has mirado y acompañado a cada persona.
Te damos gracias por el especial llamado del Padre Kentenich que se inició en el vientre de su madre.
Tú acompañaste a la joven Catalina en las difíciles situaciones de su embarazo y de su maternidad.
Te pedimos en este lugar especialmente por todos los niños no nacidos y por sus madres que tuvieron que soportar angustias.
Regálales tu compañía y la ayuda de otras personas.
Amén.

 

Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos.
Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna.
Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada.
Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.

Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 62