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Ordenación sacerdotal de Yves Irakoze en un ambiente de guerra

Una gran fiesta comunitaria en el horizonte 

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Luego de cinco años de no tener ningún nuevo sacerdote, la ordenación de Yves Irakoze era un evento que todos esperábamos con ansias. La preparación espiritual como material tuvo lugar durante varios meses. Yves eligió al P. Alfred Kistler como su acompañante en este tiempo antes de la ordenación. La fiesta había sido fijada con mucha antelación el 12 de diciembre día de la Virgen de Guadalupe para gran felicidad del P. Claudio Jeria, ya que coincidía con su día de ordenación. Una nueva alegría se sumaba: es que los hermanos de curso del P. Yves, que cursan actualmente en Bukavu (Congo) podrían venir a la ordenación, y dos de ellos, aprovechando la visita de nuestro superior provincial el P. Marian Wyrzykowski, podrían renovar su contrato consagración. El curso de novicios había terminado su primer año canónico y querían celebrar su consagración con su flamante ideal: "Viña a la sombra del santuario, consuelo para los pobres". Todo estaba listo para tener un fin de semana lleno de bendiciones.

Sin embargo... bombardeos!

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El viernes comenzó la historia a las cuatro de la mañana con un saludo de granadas, explosiones varias y mucho ruido de ametralladoras, lo que se extendió por toda la noche. El día amaneció siguiendo el mismo ruido y con la noticia que la ciudad estaba cerrada; no se podía salir a ninguna parte. Mont Sion Gikungu queda en una colina, que se ha ido desarrollando poco a poco y que cuenta con pequeños locales, "boliches", los que abrieron tímidamente.

El día continuaba y la única información obtenida era el ataque a tres campamentos militares con el objeto de robar armas. Lo que siguió luego, sólo lo supimos después de la ordenación con más detalles. En todo caso ese día, vísperas de la ordenación, mientras nuestro hermano ordenando hacía un retiro, todos nos comenzamos a preguntar la factibilidad de la ordenación. El obispo se encontraba en Gitega, segunda ciudad de Burundi, ubicada a 100 Km al norte de Bujumbura, y los caminos estaban bloqueados.

Imposible llegar a Gikungu

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Llega una noticia alarmante: nuestros hermanos venidos de Bukavu habían llegado, pero no podían pasar a la ciudad, pues todas las calles de acceso estaban cerradas y el ruido de balas era intenso. Bujumbura no es demasiado grande, por tanto lo que pasaba en algunos puntos de la ciudad se escuchava en todas partes. Lo que se estaba desarrollando era una masacre, sin nombre. Un grupo de la guardia presidencial, tomó la venganza de lo acontecido en la noche y entró en los barrios, llamados contestatarios, dónde ha habido más manifestaciones contra el tercer mandato del actual presidente, y comenzó a sacar principalmente a jóvenes de sus casas y a matarlos en la calle o en lugares baldíos, cerca del río. Esto ante los ojos de vecinos que no podían hacer nada. Se han vivido momentos atroces, hubo familias enteras masacradas, niños y hombres en general, las cifras oficiales hablan de en torno a 90, pero lo que se cree es que hay más de 220 desaparecidos, muchos de una sola etnia.

 

 

Acogidos por los Salesianos

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Nuestros hermanos tuvieron que retroceder y alojarse con los Salesianos, que tienen su casa central a la entrada de la ciudad por el lado del aeropuerto, punto por donde ellos había entrado. A las 16hrs. hubo una cierta tregua y nuestros hermanos aprovecharon esa pausa para recorrer en taxi-velos, son jóvenes que se ganan la vida transportando a otros en bicicleta. Cada uno con su maleta y ropa de fiesta contrató a un bicicletista para llegar a otro barrio más cerca de Mont Sion. En el camino se encontraron con jovenes partidarios al gobierno que intentaron robarles, pero gracias a Dios todo pasó sin contratiempos.

Una vez conocido el itinerario, yo partí con la camioneta, esquivando las calles importantes hasta llegar a buscarlos, en el camino recibí miradas un poco amenazantes, pero como "Muzungu" (blanco) no tuve problemas en pasar.

 

 

El Obispo alcanza a llegar

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Fue así que ese día tuvimos la misa con nuestros hermanos. Lo único que no estaba del todo claro era la ordenación por la ausencia del obispo. Este, cerca de las 8 de la noche avisó que iba a descender muy temprano, si es que había posibilidad.

La noche estuvo calmada y el día siguiente los caminos se abrieron para tener una linda ceremonia que comenzó con 30 minutos de retraso de la hora programada. Muchos vinieron a la ordenación, tal vez no todos, pero el ambiente fue de fiesta exuberante, y de verdadera alegría por un nuevo sacerdote. El P. Marian había hablado en su homilía de que nadie nos robe la alegría, y eso lo vivimos, si bien el telón de fondo fue bastante trágico. Luego de la ordenación nos fuimos enterando de la magnitud de lo ocurrido.

Seguimos pidiendo su oración, no solamente por el neo-sacerdote, sino que por todo nuestro país de Burundi.

P. Rodrigo Delazar

 

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