“Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él”

Después de años de espera, media hora pasadas las diez de la mañana, la procesión comenzó su caminar desde la casa Provincial que terminaría entrando en una iglesia que se empezaba a colmar. Fueron necesarios dos altos en el camino: primero en el cementerio de la comunidad y luego en el Santuario donde los cuatro ordenandos tuvieron un momento de mayor intimidad con el curso. Expresaron así parte de la vida desarrollada en estos nueve años: el peregrinar hacia la ordenación se hizo participando de la historia de la Comunidad y sostenidos por la Mater desde el Santuario.

Una experiencia de Cristo vivo

La despejada mañana santiaguina fue el escenario perfecto para la celebración de las ordenaciones diaconales, pero la nitidez del día no hacía olvidar otros cielos, otras tardes y, naturalmente, otras noches. La temperatura templada exteriorizaba, la calidez del amor que Dios manifestaba a toda la Asamblea presente que había llegado en buen número desde los lugares de apostolado de cada hermano, compañeros de estudios, miembros de la Familia de Schoenstatt, hermanos de comunidad, familiares y amigos provenientes desde sus países de origen y también desde otros países en donde habían realizado su camino de formación. Por esta razón en los bancos se mezclaban laicos con consagrados, chilenos con paraguayos, brasileros y argentinos, rubios con morochos, ricos con pobres, como signo potente de la presencia viva de Cristo y su Reino en la Iglesia.
En este marco el coro, conformado por seminaristas hermanos de comunidad de los ordenandos, entonó de manera extraordinaria el canto de entrada que con el transcurso de los minutos, las horas y los días, sintetizaron el espíritu de la celebración. Es que entre sus líneas agradecían, prometían y alababan a Dios porque “tu fidelidad es un canto a la vida, tu perdón la melodía de tu amor... tu amor y perdón son más altos que el cielo, tu fidelidad tan cerca como el sol… cantaré por siempre tu bondad Señor...”

Monseñor Pedro Ossandon desafía a servir los más pobres

17141480837 843672a2f7 zMonseñor Pedro Ossandon presidió la celebración con un tono cercano, sencillo y afectuoso a la vez, logrando impregnar toda la liturgia con esa atmósfera. Junto a él concelebraron Monseñor Manuel Camilo Vial, p. Mariano Irureta (Superior Provincial de Chile), p. Vandemir Meister (Superior Regional Brasil), p. José Javier Arteaga (Superior Regional de Argentina), los formadores del seminario y decenas de sacerdotes de la Comunidad.
La emotiva prédica logró detenerse en el sentido de la ordenación: “hoy se ordenan de diáconos en tránsito al sacerdocio ministerial… que los unirá a Cristo servidor”, les recordó. Posteriormente realizó orientaciones generales: “todo será fecundo si están unidos a la vid y al viñador… no le pierdan la mirada a Jesús”. Finalmente se dio espacio para consejos personalísimos: “no privaticen su ministerio, no se apropien de lo que no les pertenece… jamás crean que le hacen un favor a la Iglesia del Señor, ni mucho menos crean que sin ustedes nada se puede hacer… no sean antipáticos ni por ningún motivo humillen a los fieles… nunca se cansen de agradecer de rodillas el don de ser llamados”.
De todo eso tuvo especial énfasis su pedido –“humilde y solemne”- para que “el carisma de la Mater pueda llegar a las poblaciones más pobres de nuestros campos y ciudades (…) y que el carisma mariano haga surgir nuevos santuarios ahí”. Ninguno de los presentes podía hacerse el disimulado ante tal petición a Dios y mucho menos los ordenandos quienes precisamente estuvieron durante el año pasado realizando tareas pastorales tanto en Puente Alto como en La Legua.

Los nuevos diáconos prometen vivir su vocación, según el ejemplo de José Kentenich

Con ese ambiente se introdujo el rito de la ordenación diaconal que incluye una variedad de promesas sentidas, expresiones de deseo, oraciones, el especial momento de la postración y el final con el emotivo momento del revestimiento. Para esta instancia, familiares de cada uno de los ordenandos le acercaron la dalmática al obispo para que cada uno sea revestido por un sacerdote elegido previamente. Una vez revestidos, y ya ordenados, los cuatro subieron al presbiterio para preparar el altar por primera vez (como diáconos) y continuar con la Eucaristía como es habitual.
Luego de la comunión Juan Le Vraux dirigió unas palabras de agradecimiento a quienes los acompañaron a lo largo de la formación. También hizo presente los distintos lugares de por los que habían pasado en estos años: desde los lugares de práctica del noviciado –en Argentina y Uruguay- hasta las últimas experiencias en Santiago. Juan no pudo contener la emoción en el momento de agradecer a su comunidad, con la cual habían quedado unidos en un vínculo para siempre desde el día anterior. Después de una breve interrupción pudo agradecer especialmente a nuestro padre fundador, el P. José Kentenich a quien ubicó como modelo sacerdotal.

Enviados por María desde el Santuario

17256325376 cfb511ef19 zAntes de que se cumplieran las dos horas de la celebración, toda la Asamblea peregrinó al Santuario. En ese lugar los cuatro neo-diáconos agradecieron a la Mater por todo y recibieron los primeros saludos. Todo continuó algunos metros de ahí donde los presentes hacían fila para saludar, felicitar y agradecer a los nuevos diáconos. Se destacaba la prolija presencia de alumnos del último año del colegio en donde Felipe Pérez ya había mostrado su inteligencia durante su infancia y juventud.
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El detalle pormenorizado de esta crónica puede hacernos caer en la trampa de perder de vista el valor de la celebración en su conjunto. Es que más allá de cantos bonitos, oraciones, postraciones y homilías resonantes, este día merece ser recordado como el día en que el amor y la misericordia de Dios se hicieron especialmente patentes, cercanas y comunitarias. Por esta misma razón es que el lema escogido para la ordenación que encabeza este artículo perfectamente podría ser confirmado por todos los que participamos de la celebración: en ese rato efectivamente hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él. Por eso mismo el regalo de las ordenaciones trascienden a ellos cuatro, a su curso, a la comunidad, a la Familia y a la Iglesia misma, transformándose en un regalo para todos.

Partida a sus nuevos lugares de misión

Durante este tiempo Juan realizará su práctica diaconal en Córdoba (Argentina), Julio en San Pablo (Brasil), Felipe en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y Gonzalo en San Cayetano. Acompañémoslos en su ministerio para que, como pidió el obispo celebrante, “sean santos, sean santos de Dios”.

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